La pulga es uno de los parásitos más molestos. Se alojan en el hombre y en otros animales de sangre caliente, como perros, gatos, ratas, ardillas. (La pulga del hombre, Pulex irritans, fue originalmente parásita del zorro). Además de la molesta irritación producida por su picadura, pueden transmitir enfermedades graves, como la peste y el tifus.
Sin embargo algunas personas encontraron la manera de usar estos parásitos como una forma de entretenimiento, entrenándolas para actuar en circos de pulgas.
La especie Pulex irritans, que no pasa de unos cuatro milímetros de longitud, es la más usada para este fin. Armado de paciencia, el entrenador primero debe quitarle a la pulga la costumbre de desplazarse a saltos. Para esto se las introduce en una caja baja y ancha. Aquí las pulgas saltan instintivamente hasta agotarse, y se acostumbran a caminar.
El resto del “entrenamiento” es sencillo. Con pinzas finas los “domadores” atan las pulgas con hilos delgados. Los insectos, al intentar huir, arrastran carritos, saltan de trampolines, hacen girar tiovivos, caminan en la cuerda floja, se balancean en trapecios e incluso se disparan desde pequeños cañones, para ser atrapadas con frecuencia por uno de los espectadores, al que el entrenador da un guante y un embudo.
Los espectadores pueden observar los diferentes objetos ser movidos por los bichos, y en ocasiones pueden usar lentes de aumento para observar a las pequeñas artistas. Al terminar el espectáculo, el domador coloca a las pulgas en su brazo, para permitir que se alimenten.
Estos espectáculos eran frecuentes en las ferias hace varias décadas, y aunque en la actualidad ha disminuido su número, todavía en muchas ciudades se puede asistir a espectáculos de pulgas profesionales.
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